DOBLAO CAZAVAMPIROS

POR PAU FERRÓN GALLEGOS

 

—Así que vampiros…— El policía nacional mira al detenido intentando mantener la compostura—. Vampiros en el barrio del Carmelo. —Enciende un cigarrillo, necesita una pausa para no empezar a reírse.

—¿No me crees, monillo? —El Doblao está esposado a la mesa, pero derrocha chulería—. Eres un mierda.

El agente le lanza el cigarro al pecho y avanza para arrearle una buena bofetada, una que le haga tragarse sus palabras y prepotencia de quinqui. Pero el compañero le detiene.

—Para, Javi. Hoy no. —Hace un movimiento con la barbilla señalando al espejo de la sala.

—Venga, Doblao. Te has tenido que meter algo muy malo para que me vengas con estas chorradas.

—Escucha bien lo que te voy a contar…

 

Una hora más tarde, en la misma sala,  la escena, pese a tener el mismo objetivo, es mucho más civilizada. Miquel Martí está sentado sin esposar y tiene una taza de café delante. Javi está agotado por el interrogatorio al Doblao. Aún y así le ha pedido a su compañero que le deje interrogar al profesor a solas.

—Así que, según usted, fueron a esa casa buscando a la hermana del señor Manuel Gallego, alias el Doblao, desparecida hace un mes.

Correcte.—Se recoloca las gafas de montura dorada sobre el puente de la nariz. Le tiemblan ligeramente las manos mientras se lleva la taza a la boca—. Per això varem entrar a la casa.

—En castellano, por favor. —Hacía cosa de un año que la autoridad había cambiado el gris por el azul, pero había cosas que seguían igual—. Allí encontraron al presunto secuestrador. ¿Cómo entraron?

Be… Entramos en la casa ayudados por la habilidades del señor Doblao. Estaba claro que no nos abrirían si picábamos a la puerta. Una vez adentro regiramos la casa para ver si encontrábamos a la niña. Estaba todo estropeado y las luces no funcionaban.

—Eso pone aquí: una vieja casa en el Carmelo. —El policía coge uno los papeles distribuidos por la mesa y empieza a leer—: ventanas tapiadas por dentro con maderos, el mobiliario en mal estado, el suministro eléctrico cortado, olor a podrido y, en la habitación principal, un ataúd. En dicha habitación hay evidencias de lucha, desgarros en la pared, orificios de bala y, —Miquel se estremece y desvía la mirada, sabe lo que viene a continuación—, un cadáver decapitado y con la pata de una silla clavada en el corazón. Miquel, usted es profesor en la universidad, ¿cómo demonios se ha metido en esto?

 

—Cuando la tata desapareció me puse a buscar. La bofia no iba a arreglar los asuntos del barrio. Agarré el bardeo y me fui a la plaza. No era el primer niño que desaparecía allí y el ambiente estaba movidito. Los maderos no hacíais nada, no os preocupáis por mi gente, así que nos tocó a los del barrio. —Tiende la mano hacia Javi—. Podrías darme un piti, ¿no?

—Sigue hablando y ya veremos. —Coloca el cigarro en la mesa para que pueda verlo. El Doblao intenta cogerlo pero solo consigue que las esposas le arañen las muñecas— ¿Dónde entra el profesor Miquel Martí en todo esto?

—Un jambo como ese canta en el Carmelo. Un estirao de traje, con un peluco caro y lupas de oro. —Se sonríe—. El tío iba pidiendo que le dieran el palo, olía a guita. Y además preguntaba por los niños desaparecidos. —El agente empuja el cigarro para dejarlo a su alcance. Lo coge y se dobla para ponérselo en los labios—. Me fui para el viejo. Le puse el bardeo en las costillas y lo metí en un callejón. «¡¿Qué preguntas tú de los niños?!», Eso le dije. Te juro que estaba dispuesto a darle una mojá y dejarlo seco ahí mismo, Javi. Pero el cabrón me apoya una cacharra en las pelotas y me suelta «Jove, no cal tanta violencia». Pienso que los dos buscamos lo mismo. —Javi le enciende el cigarro— La verdad es que el viejo le echaba huevos.

 

—¿Qué pasó en aquella habitación, profesor?

—El Doblao se fue para el ataúd.  El nano es valiente. Lo abrió de una patada y lo que había dentro… Pues le hizo perder el entendimiento. —Le da un largo trago a su café.

—He leído el informe: “Se encontraron en el ataúd los restos de, al menos, cinco niños. Estaban troceados y, la gran mayoría, mostraban marcas de mordiscos. Como si alguien les hubiese arrancado pedazos de carne”. —El agente mira una fotografía sobre la mesa. Se detiene unos segundos. Martí palidece al recordarlo—. Sin duda es algo duro de ver, al fin y al cabo el Doblao no deja de ser un delincuente menor.

—Empezó a sacar los trozos del ataúd y resultó que el asesino estaba allí.

 

—Empecé a buscar trozos de mi hermana y, de repente, el monstruo salió del ataúd. Se enganchó del techo como una araña y nos miró. Hizo como hacen las serpientes. —Sisea mirando a los nacionales—. Me achanté, es verdad. Pero el viejo se sacó la cacharra de la chaqueta y empezó a disparar. El vampiro cayó al suelo retorciéndose y yo empecé a patearlo. Me agarró de la pierna y me mordió el tobillo. —Se las arregla para levantar la pierna hasta poner el pie sobre la mesa, mostrando un vendaje ensangrentado—. Entonces saqué el bardeo y empecé a darle mojás en la cara para que me soltase.

—Es curioso lo que dice —interrumpe el agente—, la víctima no tenia cortes en la cara, ni impactos de bala.

—Las heridas se le cerraban. ¿Qué parte de vampiro no entiendes? Solo paró de moverse cuando el viejo le clavó la estaca.

—¿Miquel llevaba la estaca cuando entrasteis?

—Claro que sí, el viejo sabía a lo que iba.

 

—Resumiendo —dice Javier al profesor—. El psicópata salió del ataúd y atacó al Doblao. Este se defendió como pudo. Usted disparó su arma, pero falló. El muchacho agarró la pata de una silla, que estaba en el suelo, y se la clavó en el corazón.

Correcte.

—Queda el detalle de la decapitación.

—El noi estaba muy afectado, se la cortó él.

—¿Y cómo lo hizo?

—Con la navaja. —El profesor sonríe. En ese momento Javier sabe que el aterrado profesor es solo una máscara—. Ya sabe usted: “de mica en mica, s’omple la pica”. —Gesticula haciendo un movimiento de sierra con una mano sobre su propio cuello.

—Miquel, el Doblao me ha estado hablando de vampiros y, aún así, su versión me parece más creíble que lo que usted me está contando.

El interrogado hace una seña para que se acerque el policía. No quiere que nadie oiga lo que tiene que decir.

—La experiencia me ha enseñado dos cosas: la primera es que nadie cree en vampiros, por lo menos al principio. La segunda es que se mueven en grupos. —El agente se aparta del profesor dando un respingo—. Señor, —dice en voz alta otra vez—, el Doblao y yo solamente hemos librado al barrio de un peligroso psicópata y actuamos en defensa propia. Mis abogados, que ahora también son los abogados del señor Doblao, llevarán todo el papeleo necesario. —Ahora es él quien saluda hacia el otro lado del falso espejo—. Agradeceríamos que nos suelten, tenemos trabajo. Si desea ayudarnos, aquí tiene mi tarjeta.

 

Javier sale de trabajar cuando ya es de noche, sube al coche y se dirige a casa. Tiene unas ganas locas de abrazar a su hijo. No hace más que pensar en horribles monstruos con enormes colmillos. Está claro que le ha afectado el caso. O quizá empieza a creer que hay algo más

Para en un semáforo y saca la tarjeta que el viejo le ha dado. Da media vuelta: necesita saber.

 

Un relato de Pau Ferrón Gallegos para Revista Vaulderie. Todos los derechos reservados por el autor.

Ilustración extraída de Devianart de Mr-Ripley

 

SOBRE EL AUTOR:

Pau Ferrón Gallegos nació en 1981 en la ciudad de Barcelona. Se inició pronto en la lectura cuando su padre, harto de que a su hijo le costase dormir, le dio varios volúmenes de Julio Verne. En ese momento encontró su amor por los libros. Desde entonces estos siempre le han acompañado y él ha arañando incesantemente tiempo para leer; con predilección por la fantasía, la ciencia ficción y el terror. 

Desde joven empezó a trastear con la creación de mundos de ficción y a pensar sus propias historias para sus juegos de rol; así que era cuestión de tiempo que combinara estas capacidades para empezar su propio camino literario formándose en la academia “Caja de letras”. Desde entonces le han publicado diversos relatos en las antologías “Grimorio 13” de editorial Carlinga, “Ecos de otras dimensiones” de editorial Lem, la antología benéfica “Relatos de rol” coordinada por Memes de Rol, “Resurrection Party Day” organizada por la Revista Vauldrie y “Animal, Animalis, Animali” de editorial Amanecer.

Para más muestras de su trabajo se puede visitar su página “Germen de mundos”  https://germendemundos.com/  o en su página de Facebook https://www.facebook.com/germendemundos/

En su faceta de creador de juegos de rol puedes ver muestras de su trabajo y futuros proyectos en la página web “Arkhé game studio” https://arkhegamestudio.com/

Si tú también tienes un Relato Olvidado y no saber qué hacer con él, podemos publicarlo. Aquí están las instrucciones: RELATOS OLVIDADOS

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