Soy la venganza de un hombre muerto

Literatura de altura. Literatura madura, de madurez, de alto nivel. Letras elaboradas. Magia en las voces en primera persona.

Literatura madura de altura en las palabras de la nueva novela negra, policíaca, de mi compinche y amigo Alberto Valle: Soy La Venganza de un Hombre Muerto. Premio de Narrativa Ciutat de Vila-Real (Valencia), 2018, presentada el viernes pasado, cuando la compré y me estampó esa dedicatoria de la foto, en la librería barcelonesa de género Som Negra, con birras y Andreu Martí, ganador, a su vez, de la modalidad del premio en catalán.

¿De qué va?, ¿alguien traza un plan perfecto y le sale bien?

Caras, culos, retretes y maquillajes de la ciudad de Barcelona, de las Barcelonas tan jodidas como podridas entre paupérrimos, ricos, pobres e hijos de la gran puta en todos los sentidos. Clases sociales, payos, gitanos, maleantes en rebajas y de todas las calañas y faunas. Putas ajadas, o de alto standing, no muchas, y algunas de ellas casadas, pijos y capullos, así como macarras, camareros, bares, guiris, pueblerinos, políticos, fascistas del fascismo, gente muy rica, policías muy asquerosos y alguno no tanto, o la droga que hizo estragos entre los 70 y los 90.

El desfile no para: Chaperos, falso amor, amor ñoño, pasión, engaños y Morera. ¿Es este apellido la clave?
La novela en tiempo y espacio, en presente y pasado, y en varios tiempos como son 1952, 1968, 1981, 1991. Entre Porcioles, N. Serra, El marqués de Setmennat, dios y Carla, Titi, Angel, Guillermo, Peláez, padres, madres, hijos, criadas, Morera, otra vez, o Martín, que es un piojo preñado de suerte.
Personajes trazados a pulso, con talento, con talante, en una historia de impacto, coral de vidas cruzadas con encuentros, desencuentros y muertes, una ciudad también habitada por punkys, jazz, blues, muchas miradas, una gran novela en las entrañas de muchas aspiraciones, frustraciones, o vidas truncadas.

Alberto Valle lo mezcla con habilidad, lo retrata, retrata y mueve los hilos de sus personajes, hombres, y mujeres, de sus tramas y subtramas, marionetas bien entrenadas, en una historia sórdida, cruda, dura, cruel, tensa, no tersa, árida, que te araña, te jode, eso es lo mejor –y hay que saber hacerlo-, que te hiere y saca a relucir tripas destetadas y podridas, y también sexo ajado, de burdel y calle, caro y exquisito y pollas flácidas y sexo como huída, sin abandonar un carrusel y carnaval sin máscaras entre la falacia, la mentira, la apariencia, Morera, otra vez él, un plan, y cocer una venganza, o varias.
Y sí, parece increíble, pero hay ternura. La hay en una puta apaleada, en una mamada con lágrimas, un timador estúpido, o una Carla desangrada en la gilipollez y la inútil revancha.

Pero de verdad, ¿existe venganza? Bueno cuando la leáis lo descubriréis y caeréis también dentro del mal como expresión, como cultura, como modo de ser, pura naturaleza humana, en el horror en una de sus formas y mentalidades, una cultura como decía mi personaje en el espectáculo en el que presentaba mi libro de relatos de horror La Cara Quemada del Diablo. También es eso La Venganza de Un Hombre Muerto, en todo lo explicado, y se expresa en ello y en las calles de la ciudad, o de Sabadell, o de la costa catalana y Ripollet, en los baretos, discotecas, chabolas, barrios, cines y casas, o en los planes criminales, alcaldes, gobernadores, empresarios, sabandijas, mafiosos, quinquis, y políticos, o sea en la puta realidad de una Barcelona dolida, oscura, maltratada, en desarrollo en esa bochornosa España cautiva y violada por un asesino y sus secuaces durante 40 años.

Mi amigo Valle lo define, fotografía y escribe para escribir su historia sumada a la exhausta y bien colocada documentación en un desencanto que canta bingo y nihilismo.
Estamos también ante una novela negra, de misterio, con mucha acción, a ratos una aventura, con asesinatos, muertes, gente que sobra y así se les hace saber, en la que escasea la amistad, pero existe, con puteos continuos y traiciones a discreción.
Literatura madura, como he dicho y diría mucho más, en esta urbe condal de ascos desnudados por el autor, con diálogos certeros, adecuada al argot de los años desde el maco, al camello, la polla y la goma, la raya, la chirla, o la trencha o chupar la polla por un duro, cinco pelas.

Soy La Venganza de Un Hombre Muerto, es una novela que nos salpica y no he abandonado hasta acabarla. Chapeau signore Alberto Valle, ¿la superará en la próxima? La esperamos ya, ya tarda.
Saludos, abrazos y cervezas, Julián Sánchez Caramazana

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