Casting

—A ver si te tengo en la lista.¿Cómo dices que te llamas? —preguntó la recepcionista.—Laura —contestó ella, nerviosa—, Laura Figueras. Tengo una entrevista a las cinco.

—¡Ah, sí, Laura! Jean Pierre te estaba esperando.

—¿En serio?

—Toma asiento, por favor, ahora te llamaremos—. En ese momento volvió a sonar el teléfono—. Agencia de modelos J.P.L, buenas tardes…

Quince minutos después, se abrió la puerta del estudio que estaba al final del pasillo y apareció un hombrecillo delgado y de modales afectados.

—¡Alexandra! ¡Que entre la muchacha!

—¡Ahora mismo! —se apresuró a responder la recepcionista y, en tono más bajo, le dijo a Laura: —Ya puedes pasar, no hay que hacer esperar a Jean Pierre.

El estudio fotográfico era un sitio amplio y tranquilo, con un gran ventanal al fondo que mostraba una imponente panorámica de la zona norte de la ciudad. Un casi imperceptible hilo musical se expandía por todo el ambiente.

—Ya estás aquí, bonita. Eres más hermosa personalmente que en fotos. ¿Cuál era tu nombre? —preguntó el hombrecillo, con la vista fija en la muchacha.

—Laura —repitió ella, con inseguridad—. Laura Figueras.

—¡Ah!Un nombre precioso.Se queda grabado a la primera, no será necesario cambiártelo. Me gusta. Me gusta.

—Gracias.

—Pero, pasa, pasa.

—Permiso.

Una vez dentro, el hombrecillo cerró la puerta y comenzó a ajustar la lente de su cámara y a toquetear los focos que había a su alrededor. Se movía a gran velocidad. «Al menos la mitad de sus movimientos no sirven para nada», pensó Laura. Había algo en él que le provocaba cierto rechazo, pero no acertaba a decir qué. De todos modos, le regaló su mejor sonrisa. Jean Pierre Leducq era un personaje influyente dentro del mundillo de la moda y se había fijado en ella. De los miles de books que debía recibir cada semana había puesto los ojos ¡nada menos que en el suyo!Laura estaba dispuesta a sacar provecho de aquel golpe de suerte.

Jean Pierre fijó la cámara fotográfica sobre el trípode y se le acercó. Con dos dedos de su huesuda mano, levantó el mentón de la muchacha para poder contemplarla mejor. Se sostuvieron la mirada durante cinco segundos que a Laura le parecieron interminables.

—¡Cuánta belleza! Eres exactamente la chica que estamos buscando para la campaña del desodorante.

—¿Lo dice de verdad?

—¡Por supuesto, pequeña! ¡Jean Pierre nunca miente!
Con gesto teatral dio media vuelta y le indicó a la maquilladora que se acercara.

—Te presento a Miriam, mi maquilladora favorita.Miriam, ¡encárgate de ella! Quiero que le des un aire sensual, pero sin arruinar esos cándidos ojazos azules. Que provoque ternura y morbo al mismo tiempo.

La chica obedeció con diligencia.

—¿Qué tal te sientes, preciosa?

—Un poco nerviosa.

—No hay de qué preocuparse, ya verás que todo esto es algo de lo más natural cuando te acostumbras.¿Es tu primera vez?

—La verdad es que sí. ¡Pero tengo muchas ganas de aprender! No se arrepentirá de haberme elegido.

—No te muevas, querida —le indicó la maquilladora, al tiempo que orientaba la cara de la muchacha hacia la luz que entraba por el ventanal—, o vas a hacer que te arruine la cara.

—¡Imposible arruinar ese rostro angelical! —exclamó Jean Pierre

—Lo siento. Todo esto es nuevo para mí…

El hombrecillo se colocó detrás de Laura y posó las manos sobre sus hombros, como para darle un masaje.

—No estés tensa, bonita. ¡Uy, estás toda contracturada! Relájate y disfruta del momento, ya verás que nada malo te sucederá ¿Está bien así o estoy presionando demasiado? ¿Quieres que lo haga más suavemente?

—¡No! Así está bien, gracias.

—¿Ya has terminado, Miriam?

Sin responder verbalmente, la maquilladora se retiró a un costado del set.

—En general, de los castings suele encargarse algún fotógrafo de la agencia —explicó Jean Pierre—, pero tu caso es especial. He visto algo en ti que quisiera potenciar. Un ángel oculto que, de alguna manera, tenemos que sacar a la luz…

—¿De veras?

—¡Sin duda! Hay un alma pura y noble detrás de tu mirada… ¡Eso es lo que quiero mostrar!… Y no es mérito de la producción fotográfica. No, no, nada de eso… Porque donde mejor se ve ese ángel es en las selfis que publicas en tu perfil…

—¿Se han metido a mis redes sociales?

—Es parte de nuestro trabajo. Así descubrimos a las chicas con auténtico estilo… Inimitables. De las que aparece una en un millón, como tú. ¿Cómo era tu nombre?

—Laura Figueras —dijo ella, cada vez más desconcertada.

—¡Laura Figueras, sí! Un nombre hermoso. ¡Tiene fuerza!, la mente no puede olvidarlo. ¡Ni se te ocurra cambiarlo por un nombre artístico! Laura Figueras es perfecto. A ver, mira a la cámara… Así, muy bien… Sonríe un poco… Eso es… Eso… Muy bien esa sonrisa… Ahora ponte un poco de espaldas… Mira a cámara por sobre el hombro.

—¿Así?

—Sí, lo estás haciendo muy bien. A ver… Con más sensualidad… Así… Sensual… La cámara te quiere, Laura. Sonríe… Un poco más, vamos, sonríele a Jean Pierre…
Ella obedecía las indicaciones de Jean Pierre, que disparaba fotografías continuamente. Comenzaba a sentirse cómoda en aquel lugar, aunque un algo muy pequeño en su interior le decía que debía huir cuanto antes de allí.

Algunos minutos después, Jean Pierre dejó de disparar.

—¡Estás saliendo preciosa! No sé si llegas a comprender la magnitud de lo que está sucediendo aquí… La campaña del desodorante será sólo el comienzo.

—¿El comienzo?

—El comienzo de una enorme carrera —dijo acercándose a ella y mirándola fijamente. Luego, se dio la vuelta y cambió a un tono más dirigente—. Por favor, Miriam, cierra la puerta al salir. Jean Pierre desea mantener una conversación privada con la señorita.

—Entendido. Llámame si me necesitas.

Cuando quedaron a solas, Laura se estremeció. Una chica decente no debe fiarse nunca de alguien que habla de sí mismo en tercera persona. ¿Hasta dónde sería verdad lo que ese hombre prometía? Se esforzaba por creer en él, pero su vocecita interior se oía cada vez con más fuerza, apremiándola a abandonar cuanto antes aquel edificio.

—Una mirada como la tuya no se encuentra todos los días, pequeña —dijo Jean Pierre en tono íntimo—. Muchas chicas pueden desnudar su cuerpo ante la cámara, pero pocas, como tú, son capaces de desnudar el alma.

El hombrecillo se acercó a Laura y acarició sutilmente una de sus mejillas.

—¡Oh!

—¡Qué piel tan suave tienes!¡Esa cara, esa mirada! Un alma pura e inocente. Llena de vitalidad. Te falta muy poco para convertirte en una modelo profesional. Y Jean Pierre puede darte lo que te falta, si tú confías en Jean Pierre. ¿Puedes imaginarlo? Tu foto por todas partes, gigantografías en carteles publicitarios de las principales ciudades. Luego vendrán los desfiles de moda para las marcas más prestigiosas. Primero el país, luego Europa y después, ¡el mundo entero! Tu foto en la portada de las revistas más importantes, con tu nombre bien grande en letras de molde: ¡Laura Felgueras!

—Figueras.

—¡Eso!

Laura sintió un escalofrío recorriéndole la columna vertebral cuando Jean Pierre volvió a colocarse detrás de ella para acariciar sus hombros. El pánico la había paralizado.

—Imagínatelo. Giras, producciones fotográficas, publicidades, desfiles… Mostrándote tal cual eres, para que el planeta entero se rinda ante ti… Tal vez llegues a tener tu propio programa de televisión.
—¿Usted cree?
—Puedes tutearme, estamos en confianza. Por supuesto que lo creo. Hace años que no aparece una chica con tu carisma, ya ni me acuerdo cuántos. Me parece que la última fue Larissa Costa Dos Duros. ¿Cuánto hace de eso?

—¿Larissa Costa Dos Duros?, ¿la famosa modelo brasileña?

—¡Ella misma! Un día Larissa estaba allí mismo, donde tú estás ahora, frente a Jean Pierre. Al mes siguiente, Jean Pierre le había dado la exitosa carrera que hoy todo el mundo conoce.Y Jean Pierre puede hacer lo mismo contigo. Puedo convertirte en la número uno con sólo chasquear los dedos—. Uniendo la acción a la palabra, los hizo chasquear—. Claro que todo tiene su precio…

¡Ya estaba! ¡Lo había dicho! Aquel era el momento en que debía decidir si se convertiría en la nueva perra del mundo del espectáculo o continuaría con su vida anónima, trabajando de nueve a dieciocho y librando los fines de semana.

—¿Qué quiere decir con eso?

—Tutéame —pidió él, comprensivo—. No tienes por qué alarmarte, lo que pretendo de ti no tiene ninguna importancia…

—Pero ¿de qué estamos hablando?
—Tranquilízate, por favor.No serías la primera ni la última chica que accede al trato.Es algo de lo más natural. Simplemente, Jean Pierre hace algo por ti y tú haces algo por Jean Pierre.¿No crees que es justo?

—Sigo sin entender. Y confieso que esta situación no me está gustando nada.

—Tranquila, bonita.Es una tontería en comparación con la fama y la fortuna que te estoy ofreciendo. Solo debes entregarme una insignificante parte de ti.

—Pero ¿qué?

—Ni siquiera notarás su ausencia. Lo único que necesito es… tu alma.

Laura sintió cómo cada uno de los músculos de su cuerpo se relajaba de golpe. De pronto, la sonrisa de Jean Pierre no le pareció tan siniestra y comenzó a ver el gesto cómplice de un amigo en aquel rostro anguloso y huesudo.

—De modo que solo era eso —dijo, ya completamente distendida—. ¡Qué susto me has dado!Por un momento pensé que lo que pretendías era…

—Así está mejor, muchacha, tutéame —la interrumpió el hombrecillo—. Ahora haz el favor de acompañarme a mi oficina. Jean Pierre tiene tu contrato listo y esperándote.

Autor e ilustrador, Iván Guevara.

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