Zombies. ¿Porqué gustan?

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Zombie de George A. Romero

Apocalipsis, guerras, supervivencia, magia vudú. Hay muchas causas hoy en día que pueden acabar con todos nosotros con la cara azul, ropa desgarrada y caminando con cara de lunes eterno. ¿Pero siempre ha sido así?
La cosa empieza a registrarse en Haití, donde entre huracán y esclavitud algo había que hacer las tardes muertas de domingo. Y que mejor que jugar a “Fabrica tu propio zombie”. Para eso antes tenias que sacarte el titulo de hechicero vudú llamado Bokor. En el examen entra la pregunta trampa de ” Dime las partes del espíritu” Nosotros seres adoctrinados en la tripleta diremos que es cuerpo, alma y espíritu. ¡Error!, para ser un Bokor tienes que saber que el espíritu de una persona se divide en Gros BonAnge (gran buen ángel) y el Ti Bon Ange (pequeño buen ángel). Depende que encarceles tendrás un espíritu zombie o un cuerpo zombie.
Extracto de la wiki:

-El primer tipo de alma, el Gros Bon Ange, es un concepto espiritual al que se le atribuye la memoria, los sentimientos y la personalidad de la persona. Esta alma está en relación directa con el cuerpo. Dentro de la religión vudú, perder el Gros Bon Ange equivale a perder la vida.
-El segundo tipo de alma, el Ti Bon Ange, es un concepto espiritual que está ligado al cerebro, a la sangre, a la cabeza y a la conciencia del hombre. Este tipo de alma representa, por un lado, al zombie (zombie incorpóreo) y por otro, su ausencia, o robo (por parte del hechicero o Bokor) explican, dentro del imaginario haitiano, la condición de zombie de una persona (zombie corpóreo).[A pesar de las discusiones acerca de las características y función que ambos tipos de alma tienen, se ha llegado a aceptar generalmente que es el Ti bon Ange el que está directamente relacionado con lo que los creyentes llaman el proceso de zombificación]
Como se crea un zombie y sus usos ya lo hablaremos en otra ocasión.
Bueno, este es el zombie en sus orígenes, pero no se parece al come-cerebros descamisado que conocemos. ¿De donde salió?
En la literatura el triste monstruito revivido ya se conocía. De siempre que los muertos se levantaran nos parecía una cosa horrible ( si, Jesús es un zombie) y que te enterraran vivo, espeluznante. Pero seguimos sin descamisados. Habrá que irse al séptimo arte para encontrar respuesta. Las primeras películas de zombies (1932-1966) se mantenían en la línea haitiana: zombie sin voluntad, muy trabajador, fácilmente azotable y lento.
En 1966 el héroe para muchos y padre honorífico de la serie B, George Romero, saco “La noche de los muertos vivientes” donde según el mismo definió que seria los zombies hasta hoy en día: el fenómeno zombie ya no es algo local, sino una plaga imparable de proporciones bíblicas.
Nadie controla a los zombies que no son sino muertos que han vuelto a la vida.
La única motivación de los zombies es alimentarse con la carne de humanos vivos.
Su capacidad de raciocinio es muy limitada, si bien utilizan rudimentarios instrumentos (el primer zombie de La noche de los muertos vivientes trata de romper el cristal de un coche con una piedra).
Su peligro no reside en su inteligencia ni en su velocidad, sino en su número y en su voracidad.
El motivo de esta resurrección masiva de los muertos no es importante y ha variado de una película a otra, siendo a veces la radiación de un arma nuclear o la fuga de una sustancia química de uso militar, algún virus o simplemente la llegada del Juicio Final.
A través de estos zombies se han desarrollado pelis, videojuegos, libros, cómics… Pero los zombies en si no molan a casi nadie. ¿Porqué seguimos alegremente a este engendro hijo de mil lunes sin café? Por el trasfondo.
Luchar contra un enemigo que no parece tener fin, la desaparición, la soledad, el morir de la moral humana, la supervivencia. Lo apocalíptico parece que nos llama como una polilla a la luz. ¿Será que somos catastróficos, o que deseamos que renazca la esperanza?¿Buscamos ser héroes en un mundo hostil o solo supervivientes capaces de todo?
El zombie a pasado de ser un ente sobre explotado sin capacidad de protegerse de su malvado amo a ser el grueso descerebrado de la sociedad a la que consideramos un enemigo numeroso e insalvable, que quizás nos devore. Por suerte, siempre nos vemos como los héroes que luchan contra ellos y no como zombies que ven peligrar su modo de vida por esos 4 pelagatos.
Escrito por Daciana Bratovich para Revista Vaulderie

 

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