El mito de Lilith

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Kim Myatt

El mito de mujer rebelde es casi tan antiguo como la humanidad. La rebeldía siempre ha sido admirada y temida a partes iguales. En algunos lugares maldita, en otras divinizada. La mujer rebelde esta presente en casi todas las culturas.

En Mesopotamia Innana, en Babilonia Isthar, en Fenicia Astarté. Diosas del sexo, la belleza y la guerra. No son la representación benévola de la Madre. Estas diosas buscan y protegen el placer carnal, la belleza independiente y los sacrificios de sangre. Bien podrían ser ellas las bases para la leyenda de Lilith.

Según el mito, Adán, celoso de que todos los animales tuvieran pareja y hubiera copulado con todas las hembras sin llenarse, suplico una compañera. Yavhé creo pues a Lilith con el mismo barro de la creación. Adán y Lilith discutían porque el quería estar siempre encima de ella, cosa que Lilith odiaba. “Si estamos hechos del mismo barro, soy tu igual” Él intento forzarla, y esta grito el nombre secreto de Yavhé, y huyo por los aires del Edén.

A partir de aquí la disociación de la mujer fue en aumento. O eras Eva o eras Lilith. La madre o la puta.

Con la llegada de religiones monoteístas, basadas en respeto y obediencia al hombre, las Diosas de la guerra y el sexo fueron desapareciendo o transformadas en versiones más amables y manejables. Pero sobretodo quitandoles su divinidad.

Seguramente debido al clima “amigable” donde nacieron estas religiones (en climas más extremos no es concebible miembros “delicados y no productivos”) hizo que esta mentalidad se extendiera rápidamente.

La sexualidad femenina fue reprimida al matrimonio. Ni siquiera podría considerarse sexualidad, pues era meramente reproductiva. Ser mujer y gozar del sexo era algo impensable. El sexo para la mujer era una abominación solo perdonable por la procreación.

El hombre tampoco se libró de una disociación. Los sentimientos se etiquetaron como algo meramente femenino. Y lo femenino era algo sucio, pecaminoso e inferior. Un hombre no podía manifestar sentimientos ” típicos femeninos”.

Quedó una sociedad donde todo era condenado y los que se salían de esa dura moral eran marginados o incluso aniquilados.

Se dice que Lilith busca el semen que los hombres no vierten en sus esposas, ya sea por masturbación, polución nocturna o simplemente lo que se derrama despues del acto. Por eso siempre esta preñada, dice el mito.

Aquí aparte de penalizar la sexualidad femenina, ultraja a la mujer que tiene hijos sin un marido. Todo lo que atenta a la doctrina de “la sagrada familia de padre, madre e hijos” es ignominioso.
Lilith fue convertida en el ejemplo que jamás debe seguir una mujer. Rebelde, independiente, gozosa de su sexualidad. Lilith siempre ha cautivado a todas aquellas personas que como ella, han sido estigmatizadas solo por atreverse a rebelarse.

Quizás por eso ha llegado a nuestros días. Como consuelo y ejemplo de muchos. Porque no quería ser menos, y aunque pagó caro su rebeldía al menos fue libre.

Escrito por Daciana Bratovich para Revista Vaulderie

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