“Un mal día para dejar de fumar”

Pako Joness nos trae las aventuras y desventuras de un pobre ghoul historiador. Un relato delicioso y bien documentado.(MdT)

La imagen puede contener: cielo, naturaleza y exterior

Un mal día para dejar de fumar


Y ahí estaba él, en medio de la plaza mayor de Llers, una pequeña localidad a unos pocos kilómetros de Figueres, Girona. La cosa pintaba mal, delante estaba el bar, a unos 50 metros, parecía estar vacío a excepción de un tipo moreno, sentado frente a la barra sin moverse, parecía vestir una especie de harapos pero los carteles de bocadillos no le permitían ver más. Miró hacia atrás y ahí estaba el coche patrulla de la policía local, iluminado por la tenue luz de una farola, los dos policías le observaron con estupor, estaban acojonados y esperaban que él hiciera algo. Habían visto demasiado, eso seguro. Más gente a dominar y amenazar, cada vez costaba más mantener la Mascarada. Mierda de trabajo.

Con resignación sacó el móvil de la gabardina y volvió a leer el chat de su amigo Enric.

– Enric, tío, pero porqué no vas tú???

– Porque yo solo soy el ghoul audiovisual xdd

– Sí claro, y yo que soy??

– Pues el ghoul historiador que sabe cosas xddd

– Muy gracioso

– Orden directa del Príncipe, te toca pringar, yo tengo que enseñarle a manejar el DVD xddd

– Cabronazo…En fin, al lío – murmuró en voz baja.

Metió la mano en el bolsillo buscando su paquete de tabaco pero estaba vacío. Había elegido un mal día para dejar de fumar.

Miró al cielo, noche cerrada, un mal augurio. Un viento frío y repentino barrió la plaza de restos de basura como si le estuvieran allanando el camino hacia el bar. La tramuntana, el viento de la comarca del Empordà, “Tocat per la tramuntana” dice el refrán catalán, referido a aquellos que estaban un poco locos… Un viento creado por antiguas brujas. Curiosamente hay una leyenda de unas brujas transilvanas, “las Ellas”, muy parecida, quizás demasiado. Salvador Dalí era del Empordà, curioso… Ensimismado en sus pensamientos avanzó mientras sus pasos resonaban por la plaza. Un gato negro se escondió. El bar parecía la típica tasca de pueblo, no parecía haberse renovado desde la época de Franco. Cogió el pomo con intención de entrar.

– Mierda… – volvió a murmurar.

El bar estaba lleno de cadáveres, gente muerta por doquier, habían 4 cuerpos de hombres de mediana edad, los típicos cincuentones que pasan demasiado tiempo en el bar para no tener que soportar a sus parientas, todos estaban en una posición natural, sentados o desvanecidos en el suelo con la garganta abierta, con los platos de tapas y cervezas aún aferrados en la mano. No costaba imaginárselos una hora antes bebiendo, comiendo y viendo el fútbol alegremente, sin saber que que estaban a punto de morir. Tenían que haber sido unas muertes muy rápidas, esos desgraciados ni siquiera llegaron a darse cuenta. La tele estaba rota con un agujero en medio, como si la hubieran atravesado con un puñetazo. Miró hacia atrás, en la lejanía y los policías se escondieron detrás del coche. Y el tipo sentado en la barra encorvado, sin apenas moverse…

– Joderrrr, pensó sudoroso. Sólo soy un historiador, no soy un luchador, ¿porqué yo?

Era demasiado tarde, el tipo giró la cabeza y le miró por encima del hombro con un ojo entrecerrado. Podría huir pero sabía que desobedecer órdenes del Príncipe no es bueno para la salud. Decidió probar suerte y esperar que el tipo ya hubiera saciado su sed, volvió a examinar los muertos, todos los cuerpos estaban pálidos y con la mirada fija. Comenzó a temblar levemente, ¿y si ese tipo era un Tzimisce del Sabbat y le coge y le estira los huesos y le arranca las entrañas y…y…? No, calma… calma…

Armándose de valor se acercó bordeando la barra a una distancia prudencial, intentando no apartar la vista del extraño. Para su horror, detrás de la barra había un quinto cadáver, un tipo gordo, debía ser el dueño. Con tensión y sudoroso volvió a mirar al asesino esperando que no fuera su rostro sediento de sangre lo último que viera. El tipo era bajito, moreno, aparentaba tener unos cuarenta y tantos, parecía un tipo fuerte pero su cara ajada le hacía parecer más viejo, estaba lleno de polvo, llevaba una chaqueta y debajo de ella le pareció vislumbrar una especie de ropa hecha con herrajes a base de pequeñas anillas metálicas oxidadas. Llevaba varios anillos dorados e incrustados con gemas, seguramente robados. Parecía sonreír con una sonrisa tonta… ¿un Malkavian? No, el tipo se había atiborrado de sangre de los borrachines del bar, quizás tuviese una oportunidad después de todo.

– ¿On sóc? (¿Dónde estoy?)- dijo en catalán con un acento pero que muy cerrado.

– Uh… En… Llers.

– Todo ha cambiado mucho, ya nadie se acuerda de mí…

– ¿Y usted es…?

– Guifré… Estruch… Guifré Estruch, ¡Conde Guifré Estruch! – dijo hinchando el pecho con orgullo para luego volver a encorvarse como si soportara el peso del mundo.

La cabeza del ghoul se volvió loca, el aspecto, una cota de anillas, el acento, los anillos… ¿de donde había salido ese tipo? En uno de los anillos había una especie de escudo heráldico grabado y le sonaba mucho de haberlo visto en algún libro. Necesitaba un cigarrillo para no se atrevía a moverse hacia la máquina.

– ¿En qué año estamos?

– En el 2017…

– ¿Después de Cristo?, preguntó con mirada fiera

– Sí, sí, claro, 2017 d.C, después de Cristo…

El supuesto conde miró alrededor absorto, como si estuviera en trance…

– Todo es tan… confuso… voy a ir al infierno…

No tenía tiempo que perder, el atemorizado ghoul sacó el móvil con cautela y buscó en la web algo sobre el Comte Estruch esperando que la Mascarada no hubiera hecho demasiado bien su trabajo. Su pulgar volaba por encima del teclado digital buscando en antiguos blogs y foros. Con horror, esclareció que sus sospechas estaban fundadas, no había que buscar demasiado, estaba incluso en la wikipedia, si el tipo decía la verdad y no era un maldito Malkavian pasado de rosca, ¡ese tipo creía ser el Conde Estruch del mito y leyenda de estas tierras catalanas!

Los antiguos suelen ser muy bajitos comparados con los mortales de la época actual porque en tiempos pasados la gente no era tan alta, su habla en catalán antiguo con algunos latinajos evidenciaba que el personaje era de alta cuna, su porte, la cota de anillas bajo su chaqueta robada… o era un actor fabuloso… ¡¡¡o era el verdadero Conde Estruch!!!

El Conde Estruch, un noble que luchó para Alfonso II en la Corona de Aragón en el año 1173 d.C., un paladín cristiano que luchó contra los herejes cátaros, que fue recompensado con el condado de Llers con la condición que acabara con el paganismo y las brujas de esa zona, gesta que realizó a sangre y fuego en una cruzada terrible.

El Conde Estruch, el maldito, que regresó de la muerte convertido en un no muerto cuya sed de sangre provocó una gran mortandad en las noches venideras de su época. El Conde Estruch, que según el mito, fue destruido por un alquimista/ermitaño judío o una anciana monja mientras dormía, clavándole una estaca en su corazón.

El ghoul cerró la boca, estaba tan asombrado que había recitado el párrafo en voz alta, alzó la vista esperando ver la reacción del conde pero para alivio suyo el conde parecía satisfecho.

– Veo que mi leyenda aún perdura, todas mis gestas cristianas y todos mis actos horribles a ojos de Dios tras ser Abrazado a traición. Me convirtieron en un monstruo en venganza de los demonios y brujas herejes asesinadas y quemadas en la hoguera. Me soltaron a un mundo desprevenido y ahora sigo condenado a ojos de Dios.

¡El Conde Estruch! El ghoul no salía de su asombro, tenía que ser una broma, un matusalén de casi 1000 años de edad de ningún clan conocido sentado en la barra de un bar. ¿Y si era un Caitiff? No podía ser, quizás era un Ventrue… También tenía fama de seductor, ¿un Toreador?Quizás todos los vástagos del país provienen de este matusalén, ¿creó a más vástagos? No se atrevía a preguntarle, estaba entre una especie de sensación de maravilla y miedo simultáneos. El Conde Estruch, cuyo nombre ha pasado a la lengua catalana: “tenir malastruc” o “malastrugança” se refiere a tener mala suerte. Es más, Estruch proviene de “strigoi” o “estriges”, según la mitología eran espíritus de los muertos que se alzaban de noche para aterrorizar a los vivos y chuparles la sangre. En la antigüedad no existía la palabra moderna “vampiro”, eran strigoi morts, aparecidos. Se referían al conde como el conde “strigoi” o Estruch, quizás era así como le llamaban y no era su verdadero nombre. Por otro lado las “strigas” eran brujas, los “strigoi vius” eran hechiceros, algo diferente a los “strigoi” no muertos, para el populacho todo era lo mismo, brujería y demonios sin saber diferenciar lo sobrenatural y así ha pasado al lenguaje moderno. Por otra parte la etimología explica además que Estruch proviene de Astruc, un apellido occitano de la región de los cátaros, quizás la leyenda vampírica fue utilizada para desacreditar a los cátaros, otro detalle a investigar. Incluso en tiempos recientes el Comte Estruch era el hombre del saco que mentaban las madres para asustar a sus hijos si se portaban mal. Asombroso que un mito así haya perdurado de forma oral a través de los siglos de generación a generación por mucha Mascarada que haya.

– ¿Entonces, es usted realmente el Conde Estruch?

El conde, fastidiado, sacó algo de su bolsillo y lo puso de manera firme sobre la barra.

– No es la primera vez que despierto…

Era una medalla republicana de la Guerra Civil.

– Desperté sediento, no recuerdo gran cosa, eran soldados, me abalancé sobre ellos y me los bebí uno a uno, estaban en mi castillo. Tenían armas extrañas, me apuntaban y hacían un ruido de truenos pero sin tormenta. Sentí como si me picotearan por todo el cuerpo pero no me hicieron nada. Uno de ellos lanzó una piña y con un temblor el castillo se derrumbó y caí rodando entre los escombros esperando caer al infierno pero no pasé del sótano… ¡jejejeeee!- rió maliciosamente enseñando levemente los colmillos.

El ghoul escuchaba preocupado, el conde cada vez hablaba mejor, como si aprendiera sobre la marcha, a pesar de su falta de conocimiento sobre el mundo actual parecía aprender muy rápido. La anécdota del Conde le recordó un hecho histórico, es cierto que en el castillo de Llers se escondieron los republicanos pero la santabárbara explotó en extrañas circunstancias destruyendo parte de la fortaleza. Otro hecho histórico confirmado por el extraño personaje.

– “Sembles un noi trempat” (“Pareces un chico espabilado”), me vendría bien un escudero que me enseñara este nuevo mundo de Dios. Cogió un vaso y con un ademán de cortarse la muñeca dijo solemne “bebe de la sangre de mi sangre y la carne de mi carne”.

– ¡No! Digo… perdón… es que ya tengo señor, – le interrumpió el lacayo.

– Mmmm… -dijo el conde contrariado, “entonces iremos a ver a tu señor”

– Esto no le va a gustar al Príncipe… – pensó resignado el ghoul..

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