NACIMIENTO

“NACIMIENTO”, por Sergio Vargsson
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“NACIMIENTO”

Despacio…

Respira despacio…

Intenta calmar el chorro de adrenalina que inunda tus venas…

Refrena los latidos de tu corazón que parece a punto de reventar tus huesos y salir volando de tu pecho…

Abres los ojos pero apenas ves sombras oscuras que parecen bailar alocadas sobre un fondo de negro carbón, no distingues los límites de la habitación donde te hallas, pero la cama donde estas acostada es extremadamente dura,

Tu mano va instintivamente hacia tu garganta, donde tu vestido esta acartonado, como si se hubiera empapado con algún tipo de liquido espeso y orgánico, que hubiera coagulado resecando el tejido, las yemas de tus dedos tocan la piel del lateral de tu cuello, que aun guarda el recuerdo de un dolor sordo y punzante, pero que parece venir de muy lejos, como si lo recordaras de algún otro tiempo, o de alguna otra dimensión, pero el tacto es perfectamente normal aunque un tanto frio.

Tienes la boca llena de polvo, un sedimento áspero y terroso que parece depositarse también sobre tu piel, te pasas la lengua por los labios cuarteados, intentando suavizarlos un poco, y te das cuenta de la sed que tienes, hasta ahora no habías sido consciente de que todo tu cuerpo parece dolerte en sintonía con el ansia por beber, te remueves inquieta en el lecho, y notas como tus hombros rozan con las ajustadas paredes acolchadas que te rodean… ¡No estás en una cama sino metida en un ataúd…!.

Instintivamente tus manos van hacia los laterales palpando los confines del espacio en el que estas encerrada y notas el forro de satén que envuelve las solidas tablas de madera que limitan tu libertad, se te forma un nudo en la garganta mientras recorres con los dedos la superficie de las paredes, que se ensamblan con un techo bajo, apenas poco más de dos palmos de tu cara que tampoco parece tener ningún tipo de abertura ni resquicio, te acomete la ansiedad, empiezas a jadear y llega un momento en que tu respiración se colapsa, de golpe, una luz que no sabes de donde procede parece encenderse en el interior del féretro, iluminando con una palidez rojiza los detalles del interior, tu cuerpo tendido, el vestido arrugado lleno de oscuras manchas, tus manos engarfiadas, mueves la cabeza a uno y otro lado como un animal aterrado buscando una salida, pero la imagen es clara, estas en el interior de una caja hermética que no tiene salida.

Un gemido ronco que se va agudizando progresivamente empieza muy hondo en tu cuerpo, sube por tus entrañas y finalmente abandona tus labios paralizados en un rictus de terror, tus puños se agarrotan y empiezan a golpear el techo que te constriñe, la carne empieza a magullarse, pero la madera parece temblar debajo del satén, de pronto abres las manos y acometes la tela desgarrándola con tus dedos, el material se hace jirones bajo el ataque, y saltan astillas también desprendidas por los filos de tus uñas que parecen negras bajo la luz incierta, fragmentos de ellas se quedan clavados en la superficie, pero tu ignorando el daño, insistes con la fuerza que da la desesperación y la gruesa madera se agrieta dejando entrar la tierra que hay por encima, el cubículo se llena de olor a barro removido, moho y humedad que satura tus sentidos y te sientes sofocada… ¡Vas a morir enterrada viva y lo sabes…!

Redoblas los zarpazos sin importarte que tus manos lesionadas hayan empezado a sangrar, finalmente la tapa se viene abajo, y tu pareces nadar hacia arriba por entre el aluvión de tierra, raíces, gusanos y polvo que te cae encima, buscando la superficie, y cuando parece que no vas a ser capaz de abrirte paso, una de tus manos sale al aire libre…

Cavas con ansia agrandando el agujero y saliendo al exterior surgiendo de la tierra como en un monstruoso parto, reptas sobre tu estomago presa de temblores forzando a tus pulmones a tragar grandes bocanadas de aire mientras sollozos de alivio te anudan la garganta, y entonces los ves…

Están ahí, alrededor de la fosa de dónde has surgido, como si te esperaran, varias hogueras arden cerca, proyectando largas sombras sobre las lapidas y las cruces, y mientras a un lado, sentados en un montón de tierra, dos hombres enjutos y sombríos, vestidos de oscuro, conversan en voz baja, con una sensual mujer de rasgos felinos que de pie a su lado los observa con aire rapaz mientras juega con una brillante bola de fuego que cruje y crepita al pasarla de una mano a la otra, junto a la tumba abierta, un tercer hombre muy alto, de cabellos oscuros largos y lacios, te mira con unos ojos que brillan como gemas rojizas desprendiendo una pálida luz mientras te da la mano para ayudarte a levantarte.

Junto a él, una bella mujer de aspecto autoritario e imponente, con unos grandes cuernos retorcidos saliendo por entre la masa de rizos de color fuego que corona su cabeza, parece sonreír con una enorme boca deformada por donde asoman hileras de imponentes y afilados colmillos con aspecto de cristales rotos, extiende una mano de largas garras hacia ti, y te ofrece un extraño caliz lleno a rebosar de un liquido rojo oscuro diciendote con una voz densa y suave como el chocolate caliente…

-¡Bienvenida… te estábamos esperando!, no te asustes… los latidos de corazón, las respiraciones y la ansiedad pronto desaparecerán, no son más que el reflejo de la vida que has dejado atrás… Ahora, ven con la manada…

Dedicado muy especialmente a Daciana, Adelbert, Malice y el resto de la Revista Vaulderie

 

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