Crónicas de Disi el Tzimisce

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El fuego crepuscular se había disipado dejando entrar la dulce y oscura noche, o al menos eso podía intuir Dominic cuando abrió los ojos de su sueño diario. Se quedó unos segundos dubitativo pensando en los grandes planes preparados.

“-La información es cierta, solo es necesario otra semana y la primavera comenzará-” se reafirmó para si mismo Dominic. Se incorporó a la ligera de su lecho que consistía en un colchón relleno de arena procedente de Budapest. El sacerdote fue dando largas zancadas para abandonar su habitación a la par que sacaba un móvil de su chaqueta de terciopelo negro. Se detuvo, se esmeró en recordar lo que sus ghouls le habían enseñado y de manera lenta y usando los pulgares entró en Contactos.

“-Si no me adapto al mundo moderno seré destruido-” se repetía una y otra vez en cada ocasión que se veía abrumado por la tecnología. Tocó en Leonord e inmediatamente se anunciaron los timbres de la llamada.

-Eres puntual.- La voz de Leonord era fina e inocente, de una mujer joven de buena cuna.- He avisado a nuestros hermanos y hermanas de toda Madrid para que acudan a tu llamada.

-Eres un cielo Leonord. Todo estará listo antes de las dos de la mañana.- Aunque a él le habría gustado despedirse Leonord no tardó en colgar la llamada y con un gruñido Dominic guardó su móvil nuevamente.

En la breve conversación Dominic había bajado las escaleras hasta el salón de La Batisda, un cigarral que había adquirido una década atrás tras la muerte de sus hermanos de manada. En el salón esperaban sus dos ghouls: Erik y Erika, dos sobrinos de su misma sangre con tres siglos de edad; ambos tenían un pelo pajizo casi plateado y sus ojos se habían tornado de un amarillo ligeramente brillante; ambos presentaban una forma andrógina con sus cuerpos delgados, caras largas y labios finos.

-Señor tío.- Dijeron ambos hermanos a la vez.-El coche le espera afuera.-

Dominic les agradeció con la mano a ambos, no era especialmente hablador con su familia pero realmente los apreciaba y los había llegado a querer como su familia, al menos en una extraña y mórbida versión de querer.

El exterior de la casa estaba en silencio a pesar de los tres perros que inmediatamente levantaron las cabezas al ver a su amo. Los animales descansaban en el jardín, y aunque en algún momento habían sido pastores leoneses, habían sido deformados de forma grotesca para tener caras anormalmente alargadas, sin labios que mostraban colmillos alargados y repletos de babas y con pequeños huesos que salían como espinas de sus lomos.

Dominic fue junto ambos sobrinos hasta el sedán negro que esperaba junto al portón de la casa. Al entrar en la parte de atrás y colocarse en el asiento intermedio flanqueado por sus sobrinos vio el engendro de ambos: Aike, una persona que se le había practicado vicisitud desde su nacimiento para tener ambos sexos y ser inhumanamente hermoso, cosa que sus padres habrían agradecido en un millar de endogámicas orgías durante estas generaciones

“-Pero aún no me han dado más descendientes-” se había planteado en muchas ocasiones el sacerdote.

Dejaron la casa atrás custodiada por sus sabuesos y avanzaron por un camino asfaltado y bien comunicado con la carretera; antes de salir de esta un pequeño puesto cerraba el paso donde un hombre llamado Roberto vigilaba, y aunque era un vulgar humano el vigilante hacía bien su trabajo.

“-Si no solo será la cena de mis sobrinos-”

Durante el camino Dominic se encontraba agitado con lo que iba a ocurrir esa noche. Llevaba más de una década en el exilio tras la muerte de sus hermanos y con la única compañía de sus ghouls. Aún recordaba el horror de la cruzada de Creta, donde él y sus hermanos habían luchado contra los horrores que los Baali habían traído al mundo en sus diabólicos ritos, y jamás olvidaría el destino de Serina esa noche. Sus viejos fantasmas se disiparon cuando su móvil sonó en un ligero tono.

“Dominic, la dirección ha sido enviada, los hermanos de la Mano Negra serán reunidos para tu propósito. La dirección es Av. de Juan Pablo II Tres Cantos, Comunidad de Madrid. Todo el bloque de departamentos pertenece a la secta. El ático estará dispuesto. Estamos en paz, Dominic”

Sintió una agitación en si, “-Ya no puedo contar en un futuro con el favor de ella”. Ahora tan solo le quedaba esperar y, solo con suerte, que sus hermanos de la Mano Negra le escucharan.

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En las primeras horas de la noche recibes un mensaje.

“Soy Leonord, la secta os necesita. Un viejo sacerdote que perteneció a nuestras filas desde la fundación de la secta ha vuelto a estar en activo, pero por motivos mayores. Cree que un poderoso enemigo de la secta está aquí, en España. Necesita rodearse de los mejores hermanos de nuestra sociedad y descubrir si el peligro es real. La hubicación es v. de Juan Pablo II Tres Cantos, Comunidad de Madrid, he dispuesto una tarjeta bancaria adjuntada a este mensaje para que paguéis los viajes en caso de necesitarlos. Daos prisa, la secta os necesita”

Crónicas de Disi el Tzimisce.

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